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«mejor mejorar, que intentar ser siempre el mejor«

En cierto modo, es difícil evitar la exigencia extrema cuando a lo largo de tu infancia has sentido que siempre eras «inferior» a los demás.

En cierto modo, esa sensación, aún motivada por razones externas, debo reconocer que única y exclusivamente fui yo quién permitió que calase hondo en mi persona.


Moun-«time» bike!
Era cuestión de tiempo…

He dejado pasar un tiempo hasta volver a sentarme a escribir aquí de nuevo. No sabría decir demasiado bien la razón de este parón, pero en cierto modo, me he dado cuenta que, en los extremos, no existe el confort ni el placer de disfrutar de lo que te gusta, viajar en modo «automático» termina por ser monótono. En los extremos, lo único que existe es la obligación y la pérdida del significado de la palabra «afición» y yo, por lo menos, trato de aprender cada día que pasa a hacer las cosas para disfrutar, para sentirme bien, y no para obligarme a ser el mejor.

INEVITABLEMENTE…

Me he dado cuenta qué, aún habiendo superado y dejado atrás la Bulimia, sus secuelas aún hacen mella en mi persona, de ahí el parón y la obligada reflexión. Tras participar en las WITL TALKS en julio, comprendí que estaba haciendo las cosas por el único y absurdo motivo de intentar ser el mejor en algo qué, para mí, jamás ha sido una razón de competición, y os hablo de mis aficiones, en concreto, del deporte. Eso que siempre me ha movido a aprender a superarme, me estaba superando. Me estaba haciendo renegar de otras partes de mí, de mi día a día, partes que también debo implementar en mi rutina pues, al final, estamos en «esto de la vida» para ser felices y no para ser los mejores en todo lo que hacemos.

Aceptar esta consecuencia de aquellos pasados años se ha convertido en una de mis máximas. Aceptar que no ser el mejor en todo lo que hago es un trámite normal de la vida se ha convertido en mi mejor medicina para aprender a disfrutar de lo que hago. Puede parecer excesivamente sencillo, de hecho, lo es, pero ante tantos años de humillaciones e inseguridades ligadas al rechazo por el físico, la rabia y el veneno buscan salida por alguna vía y, francamente, no merece la pena pasar el tiempo «obsesionado» con llegar el primero en un puerto o levantar 200kilos en peso muerto para dejarlos salir, prefiero que salgan disfrutando del proceso de «mejora» que de la obsesión por «ser el mejor».


Entonces…

Sí, entonces sí. Entonces asumí que estaba cometiendo un error conmigo mismo. Entonces asumí que esa absurda tendencia social a inculcarnos la filosofía de «tienes que ser el mejor» me había superado. Iba a los sitios con el automático, llegaba, cumplía lo que me tocaba hacer en el gimnasio o con el «RP» de Strava y a casa. Sin más. Mecánica total, un juego absurdo en el que estaba poniendo mi tiempo a disposición de las agujas del reloj sin importar demasiado el proceso, simplemente, el obsesivo resultado.

HASTA QUE UN DÍA TE «CLAVAS» Y COMPRENDES QUE ESE NO ES EL CAMINO…

Y es así. Ese día llegó frente a la barra olímpica y sus 140kilos esperándome. No había descansado lo suficiente, o quizás no había dormido bien, o sencillamente no era el mejor día; pero lo que según mi «RM» debería ser un levantamiento sencillo, se convirtió en un fallo durante 3 intentos seguidos. Acto seguido, recogí las cosas y me fui a casa. Algo tenía que cambiar.

Ese día, en un «fácil» levantamiento fallido, comprendí que más, no es sinónimo de mejor. Ese día comprendí, gracias a muchas cosas y entre ellas al «mejor es mejor» de Javi Colomer (mi Sensei), comprendí que para mejorar, sobra con comprender el proceso de mejora, y eso nos lleva a decepciones, fallos, aciertos y superaciones. El proceso de mejora convierte al ser humano en algo natural y real pues, al menos en mi caso, la vida me ha enseñado más de los momentos «de mierda» que de las risas y carcajadas que también son esenciales y merecedoras del 95% de nuestro tiempo.

ASÍ DE SIMPLE…

Y así de fácil, pulsé el botón de «Stop». Aparqué una pequeña temporada la bicicleta y me centré en el gimnasio, en volver a poner en su sitio lo que en su día me ayudó a aceptar mi imagen. Una imagen que, a día de hoy, y como consecuencia de aquellos años, me cuesta comprender cuándo me miro al espejo pues, la distorsión que siento en base a mi reflejo, me resulta demasiado difícil de evitar. Así de simple. Pero no por ello, razón de «sufrimiento». Muchas veces es más fácil aceptar un «no está a mi alcance» que castigarse por un «no puedo».


Ride and Roll!!!
¿Y AHORA?

Rendimiento. Esa es la clave de mis entrenamientos y la razón que me ha vuelto a mover a combinar mis dos aficiones, mis pilares, mis felicidades.

Ciclismo y entrenamiento funcional. Lejos de un objetivo meramente estético, causa de mis peores años y consecuencia del «pequeño» caos que a veces soy, he aprendido que para sentirme el mejor, única y exclusivamente debo mejorar en todo lo que mis resultados se refiere.

¡OJO!

Para mejorar, también hay que saber aceptar que en el proceso fracasarás, te equivocarás y tendrás que reinventarte. Para mejorar, hay que saber aceptar que no siempre vas a estar en tu mejor momento y quizás, al menos para mí, esa sea la clave de estar de nuevo aquí sentado. Para mejorar, he decidido contaros esta parte de mí que a simple vista puede quedar lejos de lo que muestro, pero de sobra se qué, las exigencias que nos rodean a consecuencia del «tienes que ser el mejor» nos invita a experimentar una absurda frustración que pocos aportes tiene a nuestro día a día.

Así pues, y de nuevo sentado con toda y total disposición de contaros como «todo suma», seguiré intentando contaros como mis Kilómetros Positivos, mis repeticiones en el gym y, sobre todo, mis momentos de felicidad por saberme vencedor ante la más dura de las batallas que hasta la fecha me ha puesto la vida, me siguen motivando a querer mejorar, independientemente de que el resultado, haya o no sido el mejor pues, por encima del resultado, para mí, lo importante vuelve a ser el proceso.


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